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Apr 03, 2026

El contrato de seda blanca

El mármol del baño principal de la mansión se sentía como hielo bajo las piernas de Elena. El ruido de la fiesta llegaba amortiguado a través de las paredes, una mezcla distorsionada de música de cuerdas y risas que, en ese momento, sonaba como el murmullo de un cementerio. El velo, que horas antes representaba la pureza de sus votos, ahora yacía en el suelo, manchado y arrugado como la piel de una serpiente que ya no puede contener su propia toxicidad.

La puerta se abrió con un gemido metálico. Elara, la dama de honor, entró buscando un respiro, pero se detuvo en seco. Allí, en la penumbra del cuarto de baño, estaba Elena: no la novia radiante, sino una mujer que parecía haber sido despojada de su propia alma.

—¿Elena? —susurró Elara, acercándose con cautela—. Todos te están buscando para el primer baile. Julián está...

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