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May 30, 2026

El dueño del mármol

El Grand Palace Hotel era un templo de mármol y oro donde el servicio se medía por el grosor de la billetera del cliente. La recepcionista, una mujer llamada Valeria que se sentía dueña de la entrada, ni siquiera se tomó la molestia de apartar la mirada de su pantalla cuando el hombre entró. Vestía una chaqueta de algodón gastado y unos pantalones de trabajo con rastros de pintura; para ella, era poco más que un intruso.

—No hay habitaciones disponibles —dijo Valeria, con un tono cortante y un gesto vago de la mano—. Y no volverá a haberlas para gente como usted. Aquí tenemos estándares. Lárguese antes de que llame a seguridad.

El hombre, con el cabello ligeramente desordenado, se detuvo frente al mostrador. No mostró ira, ni levantó la voz. Se limitó a observar el lobby con una curiosidad melancólica.

—He recorrido este lugar durante años desde que mi padre lo construyó —dijo él en voz baja—. Nunca me pareció que la falta de educación fuera parte de los estándares del Grand Palace.

Valeria soltó una risa seca, despectiva. —¿Tu padre? ¿El dueño? Mira, "arquitecto de sueños", tengo una fila de millonarios esperando. No pierdas mi tiempo.

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