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Apr 21, 2026

EL ÚLTIMO VIGILANTE: EL DESIERTO NO OLVIDA

EL ÚLTIMO VIGILANTE: EL DESIERTO NO OLVIDA (Parte 2)

El café en la taza de Elias, el viejo vaquero, apenas se movió a pesar del temblor que los motores de las camionetas producían en la tierra seca. Los niños, dos hermanos de no más de diez años, se ocultaban tras su espalda, sus dedos apretando con fuerza la tela rugosa de su camisa de lona. Eran niños de la ciudad, desorientados y aterrorizados por una persecución que no entendían, pero el miedo en sus ojos era el mismo que Elias había visto en los campos de batalla hace décadas.

Las camionetas se detuvieron en seco, levantando una cortina de polvo rojo que envolvió el porche. De ellas bajaron seis hombres vestidos con trajes impecables que desentonaban brutalmente con el paisaje árido. No eran rancheros; eran hombres de negocios con armas cortas ocultas bajo sus sacos.

El líder del grupo, un hombre con una cicatriz vertical que le cruzaba la mejilla, caminó hacia el porche con una sonrisa condescendiente.

—Elias, viejo amigo —dijo el hombre, haciendo un gesto para que sus secuaces rodearan la casa—. No te metas en esto. Esos niños tienen algo que no les pertenece. Entrégalos y volverás a tu café.

Elias dejó su taza sobre la madera desgastada con una calma que hizo que los hombres se detuvieran un instante. Se puso en pie lentamente, su mano derecha descansando de forma natural sobre el mango de cuero gastado de su revólver. Cuando levantó la vista, sus ojos no mostraban la vejez que sugería su rostro; mostraban un acero frío y absoluto.

—He vivido en este desierto treinta años para no tener que ver caras como las suyas —respondió Elias, con una voz que sonaba como grava siendo aplastada—. Y si creen que estos niños son "objetos", es que no conocen la ley de esta tierra.

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