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Apr 12, 2026

El precio de una patada

El lobby del Hotel Grand Imperial era un santuario de mármol pulido y espejos dorados, un lugar donde el estatus se respiraba en el aire. Valeria, vestida con un conjunto que valía más que el salario anual de un empleado promedio, caminaba como si el suelo le debiera obediencia. Su objetivo esa tarde era Clara, una joven que esperaba pacientemente en su silla de ruedas cerca de la recepción.

Para Valeria, Clara no era una persona; era un obstáculo visual que manchaba la perfección del lugar.

—Esto es un hotel de cinco estrellas, no un refugio —dijo Valeria, lo suficientemente alto para que el recepcionista y los botones se sintieran obligados a observar—. ¿No te das cuenta de que das una imagen deplorable?

Clara levantó la vista, manteniendo una calma que enfureció aún más a Valeria. —Solo estoy esperando al dueño, señorita. No busco molestar a nadie.

—¡Pues estorbas! —exclamó Valeria. Con una crueldad que rozaba lo patológico, lanzó una patada seca y deliberada contra el reposapiés de la silla de ruedas de Clara, empujándola violentamente contra una columna decorativa. El impacto hizo que Clara se tambaleara, sus manos buscando equilibrio desesperadamente mientras el sonido del metal golpeando el mármol resonaba como un trueno en todo el vestíbulo.

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