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May 12, 2026

LA LECCIÓN EN EL COMEDOR: LA AGENTE BAJO LA MÁSCARA

LA LECCIÓN EN EL COMEDOR: LA AGENTE BAJO LA MÁSCARA (Parte 2)

El estruendo de la bandeja de metal golpeando el suelo resonó en todo el comedor de la base militar como un disparo. Zarin, con una sonrisa burlona y el pecho inflado de arrogancia, se cruzó de brazos mientras los soldados a su alrededor reían con nerviosismo. Sarah, que había estado a punto de llevarse el primer bocado de su ración, se quedó inmóvil, mirando la comida desperdigada por el suelo.

—Vaya, Sarah —dijo Zarin, limpiándose un resto de sopa de su uniforme—. Parece que tus manos están tan oxidadas como tu desempeño en el entrenamiento. Quizás el equipo de cocina sea más adecuado para alguien como tú.

Sarah se levantó lentamente. No había ira en su rostro, solo una frialdad técnica que debería haber sido una advertencia para cualquiera que conociera la verdadera naturaleza de un agente de élite.

—Zarin —respondió ella, con una calma que hizo que el silencio se extendiera como una mancha de aceite—, en el campo de batalla, desperdiciar recursos es una ofensa grave. Pero en esta base, la falta de disciplina es simplemente patética.

Zarin soltó una carcajada y se acercó a ella, invadiendo su espacio personal con la intención de intimidarla. —Oh, ¿y qué vas a hacer, "agente"? ¿Reportarme? ¡Aquí yo soy el que decide quién entrena y quién limpia!

Sin previo aviso, Zarin lanzó un empujón agresivo hacia el hombro de Sarah. Fue entonces cuando el mundo pareció moverse en cámara lenta. Sarah no solo esquivó el empujón; utilizó el impulso de Zarin en su contra. Con una rotación de muñeca casi invisible, bloqueó el brazo de él y ejecutó un barrido de pie tan preciso que el arrogante soldado perdió el equilibrio. Antes de que él pudiera reaccionar, ella ya lo tenía inmovilizado contra una de las mesas de acero, aplicando una presión exacta en un punto de nervio que hizo que Zarin dejara de reírse para empezar a jadear de dolor.

El comedor, que antes era un hervidero de burlas, quedó en un silencio sepulcral. Los demás soldados, algunos de los cuales habían estado grabando la humillación de Sarah, bajaron sus teléfonos, con los ojos como platos.

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